Por Rainier Mallol
Vas al banco convencido de que esta vez sí te aprueban el préstamo. Trabajo fijo, pocos compromisos, todos los papeles en orden. La oficial te sonríe, te pide “solo un momento” para revisar en el sistema… y vuelve con la frase que ya conoces: “Lamentablemente, en este momento no califica”.
No fue ella quien decidió. Ni una mesa llena de ejecutivos. Fue un modelo de inteligencia artificial (IA) que, en segundos, calculó la probabilidad de que pagues o no. Lo mismo pasa cuando aplicas a un bono, a un seguro o a una tarjeta: cada vez más, quien opina sobre tu bolsillo es un algoritmo.
Eso no es necesariamente malo. Bien diseñada, la IA puede hacer el crédito más rápido, más justo y menos político. Puede detectar fraude antes de que te roben, ajustar pólizas a tu realidad y ofrecerte productos que de verdad necesitas, no solo lo que conviene al que vende.
En tu día a día ya convives con esa “inteligencia artificial del dinero”. El filtro que escoge que noticias y ofertas ves primero en tu celular, el chatbot que atiende tu reclamo, la plataforma que define si la campaña de tu pequeño negocio llega a mil personas o a diez mil. Si el algoritmo te ve, existes más; si no, casi desapareces.
Como emprendedor, lo sé: la IA permite automatizar atención al cliente y tomar decisiones con datos que antes solo tenían las grandes corporaciones. Pero también sé, que un sistema mal calibrado reforzar desigualdades sin que nadie se dé cuenta.
Por eso la conversación que necesitamos no es “IA sí o IA no”, sino cómo queremos que funcione. ¿Con qué datos se entrenan estos modelos? ¿Aplican a nuestras realidades dominicanas?
La tecnología puede venir de fuera; las reglas de juego, no. Si entendemos cómo opera esta capa invisible sobre nuestro dinero, podremos diseñar mejores sistemas y usar la IA a favor de algo muy simple y dominicano: que las oportunidades lleguen a más personas, no a menos.
Sobre Rainier Mallol
Es ingeniero y emprendedor dominicano, formado en Harvard, reconocido por Forbes 30 Under 30 y por la ONU como Joven Líder de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Desde muy joven decidió usar la inteligencia artificial no solo para innovar, sino para salvar vidas: cofundó AIME, una plataforma que predice brotes de enfermedades como dengue, zika y chikungunya con semanas y hasta meses de anticipación, utilizada en países como Brasil, Malasia y Filipinas.
Hoy, Rainier también es fundador de CXGenies, una compañía que usa IA para transformar la experiencia del cliente y ayudar a las empresas a tomar mejores decisiones basadas en datos. Ha llevado esa mentalidad de startup al sector público, liderando transformaciones digitales en ministerios clave de la República Dominicana.





